domingo, 24 de abril de 2022

#A330 Unidad en Acción

Serie: Dios de Pactos 




Ps. Jorge Macías Benitez 

27 de Marzo del 2022 



Introducción


Hola buenos días, ¡Bienvenidos a esta Casa, la Casa de Dios, Reino de Dios Ministerios!


Soy el Pastor Jorge Macías Benítez, su hermano e Hijo de Dios; también de corazón te tiendo la mano, te abro el corazón y te quiero recibir, dar un abrazo…¡¡¡¡en el Amor del Señor…!! 

Escucha, amada y amado en la Fe, tenemos a muchos elegidos que no han creído todavía en Jesucristo, y la Iglesia no puede ser una, hasta que esos elegidos sean salvos. Aquí hay trabajo por hacer: trabajo que ha de hacerse por medio de instrumentos. 

Estos elegidos han de creer: 

Esa es una obra de gracia, pero ellos han de creer por medio de nuestra palabra. 

Hermanos, si quieren promover la unidad de la Iglesia de Cristo, cuiden a sus ovejas perdidas, busquen a las almas descarriadas. 

Si preguntaran cuál ha de ser su palabra, la respuesta está en el texto: tiene que ser en relación con Cristo

Retomemos nuestro texto y fundamento:

"Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste." 

Juan 17: 20, 21.

El Título del mensaje hoy, es:

#A330 Unidad en Acción


Oremos


Obra por Hacer


Toda almas deben creer en Él. 


Cada alma que crea en Cristo es incorporada a la grandiosa unidad evangélica a su medida, y no verán nunca a la iglesia como un todo mientras haya un alma que permanezca sin ser salva, pero para quien el Salvador derramó Su preciosa sangre. 


¡Salgan y enseñen Su Palabra! ¡Proclamen las doctrinas de la gracia conforme la habilidad que hubieren recibido de Él! 


Sostengan en alto a Cristo ante los ojos de los hombres, y serán el instrumento en la mano de Dios para llevarlos a creer en Él, y así la Iglesia será edificada y será convertida en una. Aquí hay una labor para el principio del año. 


No han de sentarse para idear y maquinar y planear cómo puede esta denominación fundirse con otra; no se metan con eso. 

Su labor es ir ahora y manifestar a toda alma pecadora - entonces a toda alma -  cuán único Salvador has encontrado. 


Esa es la manera en que Dios nos utiliza para completar la #UNIDAD de Su Iglesia. 


A menos que estos sean salvos, la Iglesia no es perfecta. 


Es maravilloso el texto que dice: 


"Proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros."  Hebreos 11:40


Lo que nos dice es que los santos en el cielo no pueden ser perfectos a menos que nosotros lleguemos allí. 


¡Cómo!, ¿los santos benditos en el cielo no son perfectos a menos que el resto de los creyentes llegue allí? 


Eso nos dice la Escritura, pues entonces serían una parte del cuerpo, y no el cuerpo entero; no pueden ser perfectos como un rebaño a menos que el resto de las ovejas llegue allí. 


Nos hacen señas desde las murallas almenadas del cielo, y nos dicen: "suban aquí, pues sin ustedes no podemos ser uno como Jesucristo es uno con Su Padre”


Amadas, amados, somos un cuerpo imperfecto mientras no vengan ustedes; nosotros, desde nuestra posición de gracia, nos volvemos a ver al mundo pecador y les decimos a los elegidos de Dios que están en medio de ese mundo pecador: 


"¡Vengan a Jesús! ¡Confíen en Jesús! ¡Crean en Él!, pues sin ustedes, nosotros no podemos ser perfectos, ni tampoco pueden serlo los propios seres celestiales, pues ¡ha de haber una Iglesia completa! Toda la ciudad debe ser amurallada alrededor; y si hubiere una brecha en el muro, la ciudad no será una. Vengan, entonces, pongan su confianza en Jesús, para que Su Iglesia sea una." 


Ofrenda de Oración


Amados, Cristo ora por la unidad de Su Iglesia, para que todos los santos que han ido al cielo en los días pasados, y todos los santos que viven ahora, y que todos los que habrán de vivir, sean llevados a la unidad de una vida en Él. 


Nuestro testimonio, regularmente atribuye la suficiente importancia al poder de la oración de Cristo. 


Pensamos en Josué combatiendo en el valle, pero nos olvidamos de nuestro Moisés con Sus manos extendidas sobre el monte. 


Estamos viendo las ruedas de la máquina - regresando a nuestra imagen anterior - y pensamos que esta rueda, y esa rueda, y aquella otra necesitan más aceite, o que no están trabajando en su punto de eficiencia. 


Ah, pero no hemos de olvidar nunca el motor, esa misteriosa fuerza motriz que está escondida y oculta, de la cual depende la acción de toda la máquina. 


La oración de Cristo por Su pueblo es la gran fuerza motriz por la cual el Espíritu de Dios es enviado a nosotros, y la Iglesia entera es mantenida llena de vida; y el total de esa fuerza está aplicada a este objetivo único: la unidad; está quitando todo lo que nos impida ser uno, y está trabajando con toda su divina omnipotencia para llevarnos a una unidad visible cuando Cristo venga en los últimos días en la tierra. 


Amados, hemos de tener esperanza por los pecadores que todavía no son convertidos; Cristo está orando por ellos. Tengamos esperanza por el cuerpo entero de los fieles; Cristo está orando por su unidad, y todo lo que Él pida, ha de realizarse, pues Él nunca suplica en vano; Él ora para que la Iglesia sea una, y es una; Él ora para que sean perfectos y completos, y eso sucederá en medio de aleluyas eternos. 


Resultado y Testimonio


Dice la Palabra de Dios que:


"Para que el mundo crea que tú me enviaste." 


El efecto del espectáculo de la Iglesia completa en las mentes de los hombres será sobrecogedor. 


Ángeles y principados mirarán con asombro a la Iglesia perfecta de Cristo. 


Todos ellos exclamarán: 


"¡qué portento! ¡Qué portento! ¡Qué obra maestra del poder y sabiduría divinos!" 


Cuando vieron el cimiento puesto en la preciosa sangre de Cristo, contemplaron larga y ávidamente; pero cuando vean la Iglesia completa y entera, cada aguja y cada pináculo, y el grandioso coronamiento expuesto en medio de clamores, construido enteramente de joyas y perlas preciosas, diseñado para que semeje un palacio, vamos, entonces harán que el cielo resuene una y otra vez.


Cuando el mundo fue hecho, cantaron de gozo, pero ¡cómo harán eco las bóvedas del cielo cuando la Iglesia esté toda completa, y la nueva creación hubiere sido perfeccionada! ¿Cuál será el efecto sobre los hombres? 


Asombro será el efecto en los ángeles, pero ¿cuál será el efecto en los hombres? 


Vamos, el mundo, ese mundo malvado que rechazó a Cristo, ese perverso mundo crucifixor que no quiere saber nada de Él, y que ahora no quiere saber nada de Su gente, ese mundo malvado que odia a Sus santos y que se ha esforzado con todo su poder para derribar los muros de Su Iglesia, creerá, se verá forzado a creer que Dios envió a Su Hijo. 


Se morderán la lengua de furia, crujirán sus dientes de terror, pero no habrá ninguna duda al respecto. 


No deben suponer que el mundo será convencido jamás de creer en Cristo, y de ser salvado por la unidad de la Iglesia. 


No es anticipado en este capítulo que el mundo sea salvado jamás. 


En todo el capítulo no hay ningún propósito al respecto: se habla del mundo como de algo por lo que Cristo no ora, cuya iluminación no es anticipada; pero ese mundo, aunque llore y se lamente, y maldiga, y aborrezca, será claramente conducido a reconocer la divinidad de la misión de Cristo, cuando vea la unidad total de la Iglesia. 


Vamos, delante de mi asombrada mirada esta mañana, me parece que se levanta como desde un gran mar de confusión, un sorprendente edificio. 


Veo la primera piedra hundida en las profundidades de ese mar teñido con sangre, y veo su remate emergiendo por encima de elevadas olas de refriega y confusión; y ahora veo otras piedras puestas sobre eso, todas ellas teñidas con sangre: 


Los primeros apóstoles, todos ellos mártires. 


Veo una piedra que se levanta sobre otra conforme una época sucede a la otra. 


Al principio, casi todos los cimientos están colocados en el hermoso bermellón del martirio, pero la estructura se eleva: 


Las piedras son muy diferentes; proceden de Asia, África, América y Europa; son tomadas de entre los príncipes y de entre los campesinos. 


Estas piedras son muy diversas. 


Tan vez mientras estuvieron aquí, escasamente reconocían que pertenecían al mismo edificio, pero allí están, y por mil ochocientos sesenta años, la construcción ha proseguido, y proseguido, cada piedra siendo alistada; desconocemos cuántos años más tomará la construcción de ese edificio magistral, pero al final, a pesar de todos los enfados del infierno y todo el poder de los demonios, ese edificio será completado, y ni una sola piedra se perderá, y ni un solo hijo elegido de Dios estará ausente, y ni una sola de esas piedras habrá sufrido algún daño, ni será colocada fuera de lugar; y el todo será tan hermoso, tan incomparable, habrá tal despliegue de poder y de sabiduría y de amor, que incluso los seres llenos de odio, cuyos corazones son duros como el diamante contra el Altísimo, se verán forzados a decir que Dios debió enviar a Cristo; no podrán reprimir esa confesión cuando toda la Iglesia sea una como el Padre es uno con Cristo. 


¡Oh, feliz día, alborea ante nuestro ojos y haz que seamos bendecidos!


¿Estamos ya en Unidad?


¡Allí está la pregunta !


La pregunta de esta mañana no es: 


¿Son ustedes miembros de alguna iglesia cristiana? 


"Yo sé cómo llegar allí", -dices- "bien, un cierto número de iglesias son evangélicas y ortodoxas; constituyen el protestantismo ortodoxo. 


Ahora, ¡yo soy bautista! Ó ¡Pentecostal! Ó ¡Presbiteriano! Ó …que se yo… 


Muy bien. De todo ello, solo es una forma carnal de hablar. 


Sabes, es muy probable que quien así responde, esté gravemente equivocado. 


Ahora, si pudieras verlo de otra manera y decir: 


"He recibido la vida eterna pues he creído en el Señor Jesucristo, y he sido dado a Él por el Padre." 


Entonces, amado, llegas directamente. 


Siendo uno con Cristo, eres uno con Su pueblo; pero cuando estás buscando esta unidad, no busques algo externo sino algo interno. 


No busques un lazo que ha de escribirse sobre hojas de papel, en pergaminos, libros, en reglas y pensamientos de hombre; sino busca un vínculo escrito en los corazones, y en las conciencias, y en las almas. 


No debes buscar a todos los santos en un aposento, sino en Cristo; todos ellos viven del pan celestial, y beben vinos purificados que provienen de Cristo Jesús. 


Busquemos una unión espiritual y la encontrarán; si buscan la otra cosa no la encontrarán, y si la encontraran, sería una cosa grande y terrible, de la cual deberían pedirle a Dios que libere a Su Iglesia. 


Como hombres espirituales, busquen la unidad espiritual, pero primero comiencen por preguntarse si ustedes mismos son espirituales. 


¿Has nacido en el seno de la familia? ¿Has pasado de muerte a vida? 


Pues si no has pasado, aunque pudieras estar en el cuerpo, serías como una sustancia muerta en el cuerpo causando una úlcera, una gangrena, que provocaría dolor y sufrimiento; serías una cosa maldita, que habría que eliminar. 


Pero, ¿estás vivo por la vida de Cristo? ¿Mora Dios en ti, y moras tú en Él? 


Entonces, mi amado hermano, dame tu mano. 


No te preocupes acerca de mil diferencias, pues si tú estás en Cristo y yo estoy en Cristo, no podemos ser dos, hemos de ser uno. 


Amémonos los unos a los otros, fervientemente, con un corazón puro. 


Vivamos en la tierra como aquellos que habrán de vivir juntos una larga eternidad en el cielo. 


Cada uno de nosotros ha de ayudar al crecimiento de los demás. 


Ayudémonos los unos a los otros en cada empresa espiritual y santa, en la medida de lo posible, lo cual redunda en la promoción del reino del Señor; y echemos fuera de nuestros corazones todo lo que pudiera romper la unidad que Dios ha establecido. 


Conclusión


Desechemos toda falsa doctrina, todo falso pensamiento de orgullo, de enemistad, de amargura, para que nosotros a quienes Dios ha hecho uno, seamos uno delante de los hombres, así también como delante de la mirada del Dios que escudriña los corazones. 


Que el Señor nos bendiga, queridos amigos, como una Iglesia, que nos haga uno, y que nos mantenga unidos; pues será el componente muerto entre nosotros lo que provocará divisiones. 


Los hijos vivos de Dios conforman la unidad; son los seres vivos los que están vinculados conjuntamente. 


No habrá temor al respecto: la oración de Cristo cuida de nosotros, para que seamos uno. 


En cuanto a ustedes, que están unidos con nosotros en una comunión visible, y no son uno con Cristo, que el Señor los salve con Su grandiosa salvación, y a Él sea la alabanza. 


Amén y Amén.


Oremos


Ps. Jorge Macías Benitez


¡Dios les Bendice!

domingo, 10 de abril de 2022

#A329 Permanece en Unidad

 #A329 PERMANECE EN UNIDAD


"Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste." Juan 17: 20, 21.



INTRODUCCIÓN


Hace ya varios años que, con agradecimiento, he recibido de un venerable clérigo de una parroquia ubicada en los suburbios de nuestra ciudad, el texto para mi sermón del primer domingo del año. Suministrados por una misericordiosa Providencia, mi buen hermano me ha enviado con sus salutaciones cristianas, estos dos versículos para que nos sirvan de tema. Puesto que hemos gozado juntos durante varios años de una verdadera comunión de espíritu en las cosas de Dios, yo sólo espero que hasta que uno de los dos sea llamado para morar arriba, ambos podamos caminar juntos en el santo servicio, amándonos el uno al otro, fervientemente, con un corazón puro. 

La oración más tierna y conmovedora del Maestro, contenida en este capítulo, nos descubre lo más íntimo de Su corazón. Él se encontraba en Getsemaní, y Su pasión apenas estaba comenzando; estaba como una víctima en el altar, donde la madera ya había sido colocada en orden, y el fuego había sido encendido para que consumiera el sacrificio: alzando Sus ojos al cielo, mirando al trono de Su Padre con un verdadero amor filial, y descansando en humilde confianza en la fortaleza del Cielo, por un momento apartó la mirada del combate y de la resistencia hasta la sangre que estaba ocurriendo abajo. Pedía aquello en lo que Su corazón estaba puesto de lleno. Abrió ampliamente Su boca para que Dios la llenara. 

Esta oración, entiendo, no fue sólo la expresión casual del deseo del Salvador en el momento final, sino que es una suerte de modelo de la oración que presenta incesantemente ante el eterno trono. Hay una diferencia en el modo de su ofrecimiento; aquí abajo, Él ofreció Su súplica con suspiros y lágrimas; pero ahora, entronizado en la gloria, intercede con autoridad. Pero la súplica es la misma. Lo que deseaba cuando todavía estaba aquí, es lo que Su alma anhela con ansia ahora que ha ascendido y ha sido glorificado en lo alto. 

Amados, es significativo que en Sus últimos momentos, el Salvador no solamente desee la salvación de todo Su pueblo, sino que interceda por la unidad de los que son salvos, para que siendo salvos, puedan estar unidos. No basta con que cada oveja sea arrebatada de las fauces del lobo; Él quiere que todas las ovejas estén reunidas en un rebaño bajo Su propio cuidado. No está satisfecho con que cada uno de los miembros de Su cuerpo sean salvados como el resultado de Su muerte; Él necesita que esos miembros sean conformados en un cuerpo glorioso. 

Puesto que la unidad permanecía tan cercana al corazón del Salvador incluso en momentos de tan abrumadora tribulación, debía ser considerada por Él como algo inestimable e inapreciable. Es de esta unidad que hablaremos esta mañana, en este sentido: primeramente, tendremos algo que decir sobre la unidad deseada; luego, sobre la obra requerida, es decir, que los elegidos sean reunidos; en tercer lugar, sobre la oración ofrecida; en cuarto lugar, sobre el resultado anticipado; y, en quinto lugar, sobre la pregunta sugerida.

El título de este menaje es:

#A329 Permanece en Unidad

ORACIÓN


SOBRE LA UNIDAD DESEADA. 

Estas palabras del Salvador han sido pervertidas al punto de llegar a generar un mundo de perjuicio. Los eclesiásticos se han quedado dormidos, lo que, por lo demás, es su condición ordinaria; y mientras duermen, han soñado un sueño, un sueño fundamentado en la letra de las palabras del Salvador, sin llegar a discernir su sentido espiritual. Ellos han demostrado en su propio caso, -y ha sido demostrado en miles de otros casos- que la letra mata, y que únicamente el espíritu vivifica. Digo que habiéndose quedado dormidos, estos eclesiásticos han soñado acerca de una gran confederación que es presidida por un número de ministros, quienes a su vez son gobernados por oficiales superiores, y estos, a su vez, por otros que finalmente son regidos por una suprema cabeza visible que tiene que ser ya sea una persona o un sínodo: esta gran confederación abarca reinos y naciones, y se ha vuelto tan poderosa como para imponer su voluntad a los estados, influenciar en la política, guiar concilios, e incluso reunir y movilizar ejércitos. 

Ciertamente la sombra de la enseñanza del Salvador: "Mi reino no es de este mundo", debe haber provocado alguna ocasional pesadilla en mitad de su sueño, pero continuaron soñando; y lo que es peor, convirtieron el sueño en realidad, y hubo un tiempo cuando los declarados seguidores de Cristo eran todos uno, cuando mirando al norte, al sur, al este y al oeste, desde el Vaticano que era el centro, un cuerpo unido cubría a toda Europa. 

¿Y cuál fue el resultado? ¿Creyó el mundo que Dios había enviado a Cristo? No, el mundo creyó precisamente lo contrario. El mundo estaba persuadido de que Dios no tenía nada que ver con ese gran ente estrujante, tiránico, supersticioso e ignorante que se designaba a sí mismo: cristianismo; y los hombres pensantes se volvieron infieles, y fue algo extremadamente difícil encontrar a un genuino creyente inteligente al norte, al sur, al este o al oeste. Todos los que profesaban eran uno, pero el mundo no creía; sin embargo, Jesús no pensó nunca en este tipo de unidad: nunca fue Su intención establecer un gran cuerpo unido llamado Iglesia, que dominara y se enseñoreara sobre las almas de los hombres, y que incluyera en sus rangos a reyes, príncipes y estadistas que podían ser mundanos, impíos, malignos, sensuales y diabólicos. 

El designio de Cristo nunca fue montar una máquina de uniformidad que estrujara la conciencia; y así, esa gran máquina diseñada por el hombre, habiendo sido perfeccionada y puesta en marcha con el mayor vigor posible, en vez de dedicarse a que el mundo creyera que el Padre envió a Cristo, obró justamente esto: que el mundo no creyera absolutamente nada, sino que se volviera infiel, licencioso y podrido en su esencia, y el sistema tenía que ser abolido como un estorbo público, y algo mejor debía ser introducido en el mundo para restaurar la moralidad. Sin embargo, la gente sueña todavía ese sueño: incluso algunas buenas gentes lo hacen. 

Los Puritanos, después que fueron perseguidos y arrastrados a prisión en este país, huyeron a Nueva Inglaterra, y tan pronto desembarcaron en la costa, comenzaron a decir: "todos hemos de ser uno; no ha de haber ningún cisma"; y el gran látigo fue blandido en la espalda del cuáquero, y esposaron las muñecas sangrantes del bautista, porque estos hombres, de algún modo u otro, no serían del tipo que se sometería, sino que pensarían por ellos mismos y obedecerían a Dios antes que al hombre. 

Testimonio del Creyente

En nuestros días, ha habido esfuerzos en que el ecumenismo surge, tratando crear la Unidad entre los creyentes.

Es así que anglicanos y la Iglesia Ortodoxa Rusa, los Católicos, etc... buscan estar unidas; así, una vez más, todos serían uno. 

¡Un mero sueño! 

¡Una mera quimera de un cerebro amable pero extravagante! Si alguna vez llegara a ser una realidad, resultaría ser un árbol de upas, a cuya raíz todo hombre honesto debe poner de inmediato el hacha. 

Pero ¿qué quiso decir el Salvador con: 

"Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí"? 

Hemos de comenzar por el principio. 

¿Cuáles eran los elementos de esta unidad que Cristo deseaba tan ansiosamente? 

Este capítulo nos proporciona una respuesta muy clara. 

La unidad había de ser compuesta por los individuos que aquí son llamados "ellos"; "para que todos (ellos) sean uno." 

¿Podrían echar una mirada al capítulo entero para comprobar quiénes son 'ellos'? 

Miren en el segundo versículo: 

"Para que dé vida eterna a todos los que le diste". 


Entonces vemos que la unidad propuesta es de personas dadas especialmente a Jesús por el Padre. 

Entonces no se trata de todos los hombres que por casualidad vivan en alguna provincia en particular, o distrito, o ciudad, sino de una unidad de personas que han recibido, no la vida común que tienen todos, sino la vida eterna. 

Entonces, las personas especiales que han sido vivificadas por Dios el Espíritu Santo, y que han sido llevadas a una unión vital con la persona del Señor Jesús, son las que han de constituir una unidad. 

Además, son descritas en el versículo sexto como personas a quienes el nombre de Dios ha sido manifestado; personas que han visto lo que otros nunca vieron, y que han contemplado lo que otros no pueden saber. 

Son hombres que le fueron dados del mundo, según nos informa ese versículo: hombres elegidos, tomados de la masa ordinaria; entonces, no se refiere a toda la masa; no se trata de reinos, ni de estados, ni de imperios, sino de personas selectas. 

Son personas que han sido enseñadas, y que han aprendido lecciones inusuales: 

"Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti": y han aprendido bien su lección, pues encontramos que está escrito: "Han guardado tu palabra; y han creído que tú me enviaste." 


El versículo noveno describe que Cristo ora por ellos, en un sentido con el que nunca jamás ora por el mundo. 

Son personas, de conformidad al versículo décimo, en quienes Dios es glorificado; en quienes el nombre de Jesús brilla con resplendente lustre. 

Lean todo el capítulo, y descubrirán que la unidad que el Señor tenía en mente era la de personas elegidas que siendo vivificadas por el Espíritu Santo, son conducidas a creer en Jesucristo; personas orientadas a lo espiritual, que viven en el reino del espíritu, que valoran las cosas espirituales, y que forman una confederación y un reino que es espiritual y no de este mundo. 

Allí está el secreto.

Las mentes carnales oyen que Jesús llevará una corona de perlas; entonces encuentran perlas en las conchas y tratan de unir las conchas de las ostras, y, ¡qué cosa tan extraña confeccionan! 

Pero Jesús no aceptará ninguna unión de las conchas; las conchas deben ser quebradas como cosas despreciables; deben ser unidas las joyas y únicamente las joyas. 

Se rumora que el Rey ha de llevar una corona, y que esa diadema ha de ser construida de oro fino; al instante los hombres traen sus enormes pepitas, y quieren diseñar la diadema con grandes cantidades de roca, tierra, cuarzo, y no sé qué otras cosas más. 

Pero no puede ser así; el rey no se pondrá una corona como esa: Él refinará el oro, le quitará la tierra, y la corona será fabricada de oro fino, no del material con el que ese oro esté unido por casualidad. 

Entonces, ¿de qué está compuesta la única Iglesia de Dios? ¿Acaso está conformada por la Iglesia en el mundo, y por la Unión Congregacional, y por la Conferencia Wesleyana, y por el Cuerpo Bautista? 

No, no lo está. ¿Entonces la Iglesia en el mundo no es una parte de la Iglesia de Cristo, y la denominación Bautista no es otra parte? 

No; yo niego que estos cuerpos, como tales, sin refinar y en bruto, sean una parte de la grandiosa unidad por la que Jesús oró; pero hay creyentes unidos a la Iglesia de Inglaterra, que son una parte del cuerpo de Cristo, y hay creyentes en todas las denominaciones de cristianos, ¡ay!, y muchos en ninguna Iglesia visible en absoluto, que están en Cristo Jesús, y consecuentemente, están en la gran unidad. 

La Iglesia de Inglaterra no es una parte del verdadero cuerpo de Cristo, ni ninguna otra denominación como tal lo es; la unidad espiritual está conformada por hombres espirituales, separados, escogidos, tomados de toda la masa con la que se encuentran unidos. 

Tal vez he hablado con mucha audacia y corro el riesgo de ser malinterpretado; pero esto es lo que quiero decir: que no pueden seleccionar alguna iglesia visible, sin importar cuán pura sea, y decir que tal como está, pertenece a la unidad espiritual por la que Jesús oró. Hay en las iglesias visibles un cierto número de los elegidos de Dios, y estos son miembros del cuerpo de Jesucristo; pero sus compañeros creyentes, si no son convertidos, no están en la unidad mística. 

El cuerpo de Cristo no está conformado por denominaciones, ni por presbiterios, ni por sociedades cristianas. Está conformado por santos escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo, redimidos por sangre, llamados por Su Espíritu, y hechos uno con Jesús. 

Pero ahora, prosiguiendo, ¿cuál es el vínculo que mantiene juntos a los que están unidos?

Entre otros, está el vínculo del mismo origen. Cada persona que sea partícipe de la vida de Dios, ha provenido del mismo Padre divino. 

El Espíritu de Dios ha vivificado de igual manera a todos los fieles. No importa que Lutero sea muy disímil de Calvino; Lutero es hecho y es creado en una nueva criatura en Cristo Jesús por el mismo fiat (hágase) que creó a Calvino. 

No importa que Juan de Valdés, en la misma época, se oculte en la Corte de España, y difícilmente sea reconocido como un creyente; sin embargo, cuando hojeamos hoy su volumen, encontramos en sus "Cien Consideraciones", precisamente el mismo espíritu de gracia que palpita en las "Instituciones de la Religión Cristiana" de Calvino, o en "La Esclavitud de la Voluntad" de Lutero; y descubrimos la misma vida en cada uno; han sido vivificados por el mismo Espíritu, son revividos por la misma energía; y aunque no lo supieran, aun así eran uno. 

Es más, todos los verdaderos creyentes son sostenidos por la misma fuerza. La vida que hace vital la oración de un creyente hoy, es la misma vida que vivificó el clamor del creyente hace dos mil años; y si este mundo durara otros mil años, el mismo Espíritu que hará que las lágrimas rueden del ojo de un penitente en aquel entonces, es el que en este día nos conduce a inclinarnos delante del Dios Altísimo. 

Además, todos los creyentes tienen el mismo propósito y objetivo. Todo santo verdadero es disparado por el mismo arco, y está apresurándose hacia el mismo blanco. Podría haber y habrá mucho que no es de Dios en cuanto al hombre, mucho de debilidad humana, de contaminación y de corrupción; pero todavía el espíritu interior que Dios ha puesto allí, fuerza su camino hacia la misma perfección de santidad, y en el entretanto procura glorificar a Dios. 

Unidad en el Espíritu

El Espíritu Santo, que mora en cada creyente, es por sobre todo la verdadera fuente de unidad. Hace doscientos años, algunos de los cristianos de esta tierra nuestra eran cuerpos singulares, raros, extraños, extrañamente diferentes en su comportamiento externo, de sus hermanos de 1866; pero cuando hablamos con ellos a través de sus viejos libros de diferentes tamaños, si pertenecemos al pueblo del Señor, descubrimos que nos sentimos como en casa con ellos. Aunque la manifestación pudiera variar, el mismo Espíritu de Dios obra las mismas gracias, las mismas virtudes, las mismas excelencias, y así ayuda a todos los santos a comprobar que son de una tribu. 

Si yo encontrara a algún ciudadano inglés, en cualquier parte del ancho mundo, reconocería en él alguna semejanza conmigo; habría alguna característica en él por la cual su nacionalidad se vería delatada; y de igual manera puedo encontrar a un cristiano de hace quinientos años, en medio del catolicismo romano y del oscurantismo, pero su expresión lo delata; si mi alma avanzara cien años en el futuro, aunque el cristianismo habría podido asumir otro aspecto y otra apariencia exterior, podría todavía reconocer al cristiano, detectaría todavía el acento galileo, habría algo que me mostrara que si soy un heredero del cielo, soy uno con el pasado y uno con el futuro, sí, uno con todos los santos del Dios viviente. 

Este es un vínculo muy diferente del que los hombres procuran imponer a los demás para crear una unión. Colocan correas alrededor de toda la parte externa, nos amarran juntos con muchas ataduras, y nos sentimos incómodos; pero Dios pone una vida divina dentro de nosotros, y entonces llevamos los sagrados lazos del amor con tranquilidad. 

Conclusión parte II

Si ustedes tomaran los miembros de un cadáver, podrían atarlos, y luego, si transportaran el cuerpo a otra parte y el carruaje se sacudiera fuertemente, una pierna podría salirse de su lugar, y un brazo podría dislocarse; pero tomen a un hombre vivo, y pueden enviarlo donde quieran, y las ligaduras de la vida impedirán que se desarme. 

En todos los verdaderos hijos elegidos de Dios que son llamados, y escogidos, y que son fieles, hay un vínculo del misterioso amor divino que se hace presente a través de todo el conjunto, y son uno y deben ser uno, siendo el Espíritu Santo la vida que los une. 

Hay señales que evidencian esta unión, y que demuestran que el pueblo de Dios es uno. Sabemos que muchos deploran nuestras divisiones. Hay algunas divisiones que deben ser deploradas entre las confederaciones eclesiásticas, pero en la Iglesia espiritual del Dios vivo, yo realmente no puedo descubrir las divisiones que son proclamadas tan ruidosamente. 

Tengo la impresión de que las señales de unión son mucho más prominentes que las señales de división. 

Mantengámonos en Oración y clamemos por Unidad

Oración

Dios les Bendice!!

Ps. Jorge Macias Benitez

domingo, 3 de abril de 2022

#A328 Llamado a la Unidad

#A328 Llamado a la Unidad


 


Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 18:19)

Introducción

Jesús enseñó a sus discípulos que debían estar unidos en todo momento. Siempre estuvieron juntos y aprendieron todos los días todos ellos directamente del Maestro. En este versículo podemos ver como la unidad de dos de ellos podía alcanzar todas las cosas en Dios, demostrando así el poder de la unidad.

Pero esta unidad debe estar fundamentada en Dios. Dios puede bendecir a una persona y brindarle muchas cosas, pero cuando hay dos o tres el poder de Dios se manifiesta de una forma especial. En su palabra vemos como constantemente Dios buscaba la presencia de dos o más personas que le buscaran en espíritu y verdad.

1) Donde están dos o tres (Mateo 18:20)

Jesús lo indicó claramente. Donde están dos o tres congregados en su nombre, ahí estará Él. Esta no es una promesa de ningún hombre, es la promesa del Señor mismos y sabemos que Jesús es Dios. Por lo tanto es una promesa de Dios. Y Dios no es hombre para mentir dice su palabra. Por lo tanto esa promesa es una verdad absoluta.

Cuando nos reunimos como iglesia podemos estar completamente seguros que Dios está en medio de nosotros. Aunque a veces no podamos sentirle ciertamente Dios se manifiesta en el lugar. No dijo Jesús que a veces estaría ahí, sino que ciertamente ahí estará Él.

Entonces no cabe la menor duda que podemos adorarle presencialmente, aunque no le veamos, aunque a veces no le sintamos, Él está enmedio de su pueblo cuando este se ha reunido para darle gloria.

Si vemos durante todo el tiempo en la vida de Jesús, cuando hacía un milagro siempre se acompañaba de sus discípulos. Dios mismo quiere que estemos en unidad de corazón y en un mismo sentir para que su poder se manifieste. Jesús nos dice que podemos pedir al Padre cualquier cosa, si estamos en un mismo sentir, si buscamos lo mismo, si le buscamos a Él.

Si no fuera verdad Jesús no lo hubiera dicho, pero quedó grabado en su palabra y podemos confiar en eso. La palabra de Dios es verdad y toda nuestra confianza debe estar en ella. La verdad de la palabra de Dios ha sido muchas veces comprobada en nuestra vida, al recibir la salvación del alma, al recibir de su Espíritu. Cristo vive y le podemos sentir en medio de la alabanza de su pueblo.

2) Amar al prójimo (Juan 13:34)

Jesús nos invitó para que amaramos incluso a nuestros enemigos. Debemos demostrar ese amor por los demás, por las almas perdidas, por aquellos que no han conocido el mensaje de salvación. Pero también nos mandó a que nos amaramos los unos a los otros, así como Él nos ha amado.

Tenemos un gran ejemplo a seguir y difícil de alcanzar, pues Jesús fue perfecto en todos sus caminos cuando anduvo en esta tierra como hombre. Y debemos seguir su ejemplo y amar a los demás como Él nos ha amado. Su amor no tiene límites y debemos mostrar ese amor los unos por los otros.

Es un mandamiento de Dios por lo tanto debemos cumplirlo. No podemos hacer oídos sordos, no podemos pasarlo por alto, es palabra de Dios y debe ser cumplida. Muchas veces no es tan fácil como quisiéramos, pero eso mostrará si estamos en la luz de Dios o no. Pues cuando amamos al prójimo, estamos reflejando el amor de Dios en nuestras vidas. No podemos dar nada que no tengamos, si entregamos amor es porque tenemos ese amor que sobrepasa todo entendimiento.

3) Unánimes juntos (Hechos 2:1)

Grandes cosas suceden cuando estamos en un mismo sentir con los hermanos en la fe. Cuando llegó el día de pentecostés, dice su palabra que estaban todos unánimes, estaban todos en un mismo sentir. No estaban ellos separados, cada quien en su casa, no tenían en común todas las cosas y se reunían con un mismo propósito.

Grandes cosas suceden cuando un grupo de personas camina hacia un mismo destino, comparten los mismos valores y adoran al mismo Dios. Grandes cosas suceden cuando ese Dios es el Todopoderoso.

Así le pasó al pueblo de Israel cuando enfrentó a naciones más poderosas que ellos. Eso mismo les pasó a los cristianos en el Aposento Alto. El poder de Dios bajó sobre ellos cuando estaban todos juntos.

Dice la biblia que los primeros cristianos tenían todas las cosas en común. Compartir con personas que tienen el mismo sentir que uno es encontrar aliados, es encontrar hermanos que al igual que uno sirven al mismo Dios.

Debemos como hermanos caminar en la misma dirección. En esa dirección que nuestro Padre indica, en la dirección de predicar su palabra a toda nación. En la dirección de darle a Él toda la gloria. En la dirección de obedecer su palabra y no desviarse ni a derecha ni a izquierda. Dios quiere que estemos unidos en Dios. Ahí es donde Él se manifestará con milagros y prodigios.

4) Serán una sola carne (Marcos 10:8)

La base de toda sociedad es la familia. Esta empieza con el matrimonio y se constituye una célula, que pronto crecerá hasta convertirse en una gran familia. Jesús indicó que el hombre dejará a sus padres y se unirá a su mujer, y dejarán de ser dos personas, convirtiéndose en una sola.

La familia es importante para Dios, pues en esta base social podemos encontrar una fuerte unidad y compromiso de todos los miembros. Cada uno cumpliendo su papel y aportando al bienestar y felicidad familiar. Es por eso que el enemigo detesta tanto a la familia.

El enemigo ha buscado siempre debilitar y estorbar esa unión familiar. Por eso atacó a la mujer estando sola, por eso usó a la mujer de Job para que maldijera a Dios. El enemigo busca la desintegración familiar pues sabe que una familia unida es una poderosa arma en las manos de Dios.

Es por eso de mucha importancia que las familias sepan cómo opera el enemigo para identificar sus ataques y mantenerse siempre atentos y unidos a pesar de esos ataques. Para vencernos el enemigo buscará dividirnos. Pero debemos permanecer unidos en Dios. No actuando como dos o más personas, sino actuando como una sola.

Es importante ponerse de acuerdo como pareja y como familia en adorar a Dios juntos, tener ese tiempo devocional en el que cada uno pueda participar en un servicio a Dios. También es importante acudir juntos a la iglesia y realizar alguna actividad a la comunidad en un mismo sentir. Al enemigo esto no le gustará nada, pero obtendremos el favor de Dios.

5) Adán y Eva

Desde Adán y Eva el enemigo ha buscado destruir a la familia y debilitarnos atacando a cada uno de forma diferente.  Es por eso que debemos estar de acuerdo. Ponerse de acuerdo con mi hermano en la fe. Ponernos de acuerdo como pareja, ponernos de acuerdo como familia. Así como Josué podamos decir que mi casa y yo serviremos a Jehová.

Que no importe la circunstancia que estemos pasando, así como Dios está con nosotros en cualquier situación, así debemos estar los unos por los otros. No solo estar presentes cuando las cosas van bien, sino en todo momento debemos apoyarnos los unos a los otros.

Así desbaratamos los planes del maligno, cuando el amor de Dios nos inunda y compartimos ese amor por los demás. No dejemos que el enemigo nos engañe y divida. Siempre es más importante las cosas de Dios que las cosas personales de cada uno. Dios siempre es primero y debemos relacionarnos con personas que tengan el mismo pensamiento. Dios es nuestro Padre y solo a Él debemos servirle.

Conclusión

Desde Adán y Eva el enemigo ha intentado dividir a la familia. Pero el amor de Dios debe ser más fuerte en nosotros y debemos resistir esos ataques. El enemigo busca dividirnos porque sabe que la familia unida es poderosa en Dios.

Sabe que una familia que alaba a Dios esta rodeada de ángeles que acampan alrededor de ellos. Sabe que si la familia permanece unida no puede atacar a ninguno de sus miembros.

Pero no solamente la familia natural debe permanecer unida, sino también la familia espiritual, la familia de la fe. Como vimos anteriormente, debemos sentir una misma cosa y estar unánimes y juntos.

Debemos reunirnos regularmente y estando juntos debemos compartir un mismo propósito, el de adorar y alabar a Dios. Debemos también organizarnos para realizar el servicio a Dios, para el bien de los santos y para alcanzar más almas para el Señor.

Al estar unidos en el nombre del Señor podemos alcanzar grandes cosas. Si pedimos a Dios individualmente tendremos efectos en el reino de Dios, pero ese efecto es multiplicado cuando nos reunimos como hermanos y juntos clamamos a Dios.

La biblia dice que uno de nosotros hará huir a mil, pero dos de nosotros haremos huir a diez mil hombres. Ese es el poder de estar juntos. Juntos haremos correr a diez mil enemigos. 

Porque Dios ha prometido estar enmedio de nosotros cuando nos reunimos en su nombre. Y si Dios va con nosotros nada nos puede detener, nada nos puede hacer frente, pues tenemos al Altísimo en medio nuestro.

El está en medio, delante y alrededor de nosotros.  Ningún enemigo puede atacarnos cuando Dios está a nuestro lado, y Él estará a nuestro lado cuando le invocamos juntos, cuando nos ponemos de acuerdo y pedimos a Él cualquier cosa como uno solo.

Oremos

Ps. Jorge Macías Benitez

Dios les Bendice!!